Saber y conocimiento
Se debe
distinguir entre la conciencia innata y la conciencia adquirida. La conciencia innata está presente ya en el
recién nacido a raíz de causas hereditarias y de encarnación personal.
Se trata de la
“Inteligencia del corazón” y es la conciencia intuitiva latente que puede ser
despertada mediante la educación del sentido intuitivo.
La conciencia
adquirida (psicológica) es derivación de la innata, puesto que la
experimentamos y constatamos continuamente a través de la experiencia sensorial.
La conciencia adquirida, o mente superficial, es el espejo lunar de la luz
solar de la Inteligencia del corazón, la Mente Profunda.
Así como la
ardiente luz del sol es reflejada por la fría luz atenuada de la luna, la
visión del corazón es reflejada por el cerebro. Sin embargo, mientras el
corazón sintetiza todas las percepciones sacando de ellas una conciencia vital,
el cerebro las separa y las fija en zonas determinadas, al igual de lo que
sucede con otras funciones de comparación y coordinación que forman los
elementos del juicio racional.
Entre las
“vísceras” de la cabeza y las del vientre hay una interesante analogía. La
sorprendente analogía no brota de la semejanza de las dos masas, que presentan
numerosos pliegues. La analogía de su función corresponde a la apariencia; el
cerebro recibe las impresiones percibidas por los sentidos, mientras que los
intestinos reciben los alimentos preparados por el estómago. La separación y
absorción de las varias sustancias de la masa alimenticia se producen en
diferentes áreas del intestino destinadas a dichas funciones. Del mismo modo,
las diferentes áreas de las circunvoluciones cerebrales captan – cada una de
acuerdo con su función propia – las correspondientes percepciones sensoriales.
Las percepciones,
así aisladas y ordenadas, sucesivamente padecen la crítica y la comparación en
otras zonas “funcionales” del cerebro con el fin de ser proyectadas fuera del
organismo material como “ideas”. Las varias partes de las vísceras del cerebro,
por tanto, actúan como las del vientre, seleccionando los elementos recibidos
en la base de sus respectivas “afinidades funcionales”.
A este punto
hemos de hacer una distinción entre las funciones orgánicas más materiales,
esto es, cuantitativas, y otras más abstractas, o sea cualitativas.
Por un lado
tenemos las vísceras, tanto de la parte superior como de la inferior; luego
tenemos la parte del cuerpo material y de la personalidad “pensante”: es la
función de ingerir y absorber, en el primer caso los alimentos y en el segundo
las percepciones.
Lo dicho vale
tanto para el animal que traga su presa como para el cerebro que absorbe las
percepciones de los sentidos.
Ahora
consideremos a “Xing” como el órgano material (vísceras cerebrales o
abdominales) y “Shen” como el fruto inmaterial de las percepciones asimiladas por la
inteligencia del corazón “Xin”.
Por lo que
concierne al producto del órgano cerebral conectado con Xing, es decir, los
pensamientos, ellos son el resultado, por un lado, de una aportación externa,
esto es, las ideas emitidas por otros cerebros y recibidas por la facultad
mental de absorción; por otro, son efecto de una adquisición personal,
constataciones sensoriales o intuitivas transformadas en comparaciones,
disociaciones y asociaciones con datos ya grabados. Por consiguiente, los
pensamientos personales se convierten en formas mentales efectivamente emitidas
por la inteligencia de la mente, pudiendo ser captadas por la función
absorbente de otros cerebros sin la mediación de palabras o escritos, a saber: por
evocación.
Análogamente al
sol cuya esfera de irradiación sobrepasa su globo físico originando una esfera
de luz, calor y radiaciones varias, así el “cuerpo funcional” de pensamientos,
franqueando el cerebro orgánico, genera una “esfera de influencia”.
Los centros
orgánicos del cerebro físico y el cuerpo funcional no material colaboran en la
elaboración de los pensamientos que se atribuyen a la “esfera de influencia”, y
los órganos perceptivos de la parte más profunda de la mente superficial pueden
volver a encontrar las nociones ahí inscritas.
No obstante,
estas operaciones tienen éxito en proporción al vigor o el equilibrio de las
vísceras del cerebro de cabeza, lo que comúnmente se define como buena o mala
memoria. Esto demuestra también la relatividad y falibilidad de las nociones
grabadas, puesto que ellas proceden de una coordinación más o menos perfecta de
las apariencias.
Otra cosa es la
trascripción mediante el pensamiento de la conciencia asimilada por parte de la
inteligencia del corazón, Xin. Esta conciencia consiste en poner en
correspondencia la cosa percibida con lo que coincide en nosotros mismos. Para
evitar confusiones con esta realidad, yo defino como “excrementos” los
pensamientos resultantes de una asociación de nociones exteriores al propio ser
real.
Si el hombre
presta fe únicamente al valor de la materia, incluso ascendiendo a la potencia
de una imagen divina, seguirá adorando la materia y desplazará sobre el efecto
el valor de la Causa. Contrariamente, si el hombre coloca y adora el Espíritu
solamente fuera de la materia, cometerá el error de negar el Creador encarnado
en la criatura.
La idolatría y el
espiritualismo son los dos polos opuestos de la ilusión humana que lo dualiza
todo, inclusive el eje divino del mundo con el fin de poder definir, comparar y
condenar.
Los “espíritus”
son los principios funcionales de la Naturaleza, los animadores de la esencia.
Hemos de estudiarlos arrancando de las fuerzas reconocibles a través de los
fenómenos físicos que son sus efectos, y de las potencias-funciones generadoras
de la materia, hasta la cumbre, a los Agentes supremos – o Causas -, los cuales
determinan dichas funciones. Nuestros sentidos y nuestra inteligencia racional
no pueden coger el carácter abstracto; sin embargo, con estas mismas facultades
es posible estudiar el testimonio de sus Cualidades esenciales a través de la
vida terrenal.
El mundo, o
estado, de la conciencia ordinaria es el estado de absorción perpetua de todo
lo que en la Naturaleza puede ser medido y asimilado cuantitativamente:
alimentos materiales o conceptos racionales. Xin, o estado de conciencia de la
mente profunda, en el cual el impulso analítico se transforma en impulso
sintético, permitiendo discernir entre lo personal, lo particular y lo
universal. Es el discernimiento que representa el sentido crítico del sabio
(Shen Ren).
Entonces, saber y
conocer son cosas diferentes. Se puede pasar de la ignorancia al saber, pero,
para alcanzar el conocimiento debe intervenir un sentido superior cuyas
posibilidades trascienden las facultades cerebrales y sensoriales.
La evolución de
la conciencia humana exige un esfuerzo vital que provoca una reacción sobre los
centros del sistema nervioso y sobre la disposición sexual. Todo ello pone en
juego el libre albedrío (capacidad de discernimiento), sin el cual no existe
liberación.
Esta toma de
conciencia no depende de la voluntad o de las posibilidades intelectuales, sino
de la intensidad del empuje interno.
Dicha intensidad, característica de los “elegidos”, brota de un inquietud, o
conflicto, causado por el trauma que padece la conciencia intuitiva cuando
percibe en sí misma realidad en contraste con lo que no es real dentro de
nosotros mismos.
El conflicto de
conciencia – que es fructífero – se produce solamente a raíz de ciertos hechos
capaces de marcar profundamente el alma. Esto explica por qué empleamos la
“terapia de choque” (shock adicional) de la cruda realidad (Cuarta Vía, Vía del
hombre corriente) en lugar del refinamiento cerebral (Vía del docto) o la
represión sexual (Vía del Monje).
Aceptación, así
pues, de los traumas emotivos, las pruebas y los aspectos molestos de la vida
en vez de oponerse a ellos, ya que son los instrumentos más útiles para la
evolución de la conciencia.
En el ser humano
no hay nada que sea inútil al hombre, pero cada elemento debe recibir la justa
función. El pensamiento debe traducir lo que la conciencia ha grabado en la
totalidad del cuerpo, aunque el proceso inverso es un error: si inscribes en tu conciencia lo que has
elaborado con tus razonamientos, tendrás como resultado espejismos y sistemas
arbitrarios. El ser humano no puede inventar nada, solamente asimilar lo
que existe en realidad.
Es el revés de la
moneda en la que el cerebro es el rey.
Es instinto, o
conciencia animal, como la de las abejas, conoce las correlaciones anímicas de
la naturaleza sin tener que hacer un esfuerzo. No obstante, no es capaz de
coordinar nociones. Contrariamente, el hombre, dotado de razón y capaz de creer
en el “Espíritu Encarnado”, dando a la conciencia superior la precedencia sobre
el pensamiento, puede superar el instinto animal y desarrollar la intuición
(intus-legere = leer dentro).
No se haga el
error de separar el cuerpo del espíritu, ya que se precisa todo el cuerpo para
aprehender esta enseñanza. ¡El cuerpo es el Templo del Conocimiento!
La conciencia del
cuerpo es necesaria para la realización del Conocimiento.
La conciencia del
cuerpo es necesaria para la realización del Conocimiento. Sin ella se cae
fatalmente en la evocación imaginaria. La “mística” es la vía de comunión con
la Causa de la que manan todas las causas. Pero es una vía que se puede
recorrer solamente a través de la materia producida a partir de esas causas,
interior al mismo hombre, de las que es expresión sintética.
La forma, que es
tal únicamente a causa del Verbo, del Dao, es necesariamente “Él” en una de sus
manifestaciones específicas. Todas las enseñanzas que emplean el simbolismo se
fundan en esta certeza.
Por tanto se debe
admitir que la forma impermanente, perecedera, ilusoria relativamente al valor
definitivo que le atribuimos, no lo es en absoluto por ser una encarnación de
un Principio abstracto o de una posibilidad
de función. Pese a que el mundo sea una ilusión, ¡cuánta verdad se cela en
ello! No deja de ser una asociación de ideas lo que crea la ilusión; el mundo
de por sí es “real”.
No sabemos nada
de los principios funcionales de la naturaleza, y poco acerca del rey. Tú eres
el hombre, el hombre es tu universo, él no puede ser otra cosa que la unidad de
medida del propio universo. A través del hombre puedes conocerlo todo si ¡das
la espalda a la ciencia analítica del hombre corriente!
Para llegar a
ello deberás saber en qué consiste la superioridad del hombre sobre los
animales, incluido el primate humano, esto es, sobre el hombre terrícola que ha
recibido solamente la primera animación. Lo que nos distingue de los animales
superiores, además de la cualidad del alma individual, es precisamente dicha
animación.
Los humanos somos
susceptibles de dos animaciones. La primera representa la posibilidad extrema
de la naturaleza, la segunda es el origen de un regreso hacia la Causa.
La primera
animación es el punto final de la naturaleza; la segunda no conduce más allá de
la naturaleza, sino tanto aquí que allá, puesto que este principio animador,
que es su alma o partícula divina, tiene la misma esencia del Dao:
independiente de la naturaleza y de todos sus principios rectores, influyentes
únicamente en el alma inferior (etérea, astral, mental).
Para poner este
principio en acción, el practicante del Dao debe cultivar la conciencia
superior, que tiene en gestación en sí mismo al igual de lo que hizo la madre
con el cuerpo físico. De este modo el hombre franquea las leyes terrenales. Y
cuanto más preeminente se haga el influjo de su alma divina, más él se libera
de ella. ¡Esta es la
semilla del verdadero rey! Su
reino no es de esta tierra porque él resplandece más allá de la naturaleza.
Reside en el corazón, Xin, Mente Profunda.
¿Conocéis
este “corazón”?
el corazón, como el
sol, es el centro de un mundo. Como el sol, tiene dos aspectos: uno visible y
corpóreo, otro perceptible solamente por los efectos. El disco solar es el
cuerpo del astro, centro de la esfera de luz, de calor y de muchas otras
energías.
El verdadero corazón
solar es la fuente de aquella energía que da vida a nuestro mundo.
El corazón de
carne es el cuerpo de aquel sol de vida y fuego que es el centro de irradiación
del alma, cuyo aspecto inferior es la sangre.
Nuestro verdadero
corazón solar, centro de atracción del alma superior, es el centro de acogida
de todo lo que en nosotros desea esa alma particular, aceptando sus impulsos.
Ello puede animar y equilibrar el corazón de carne, que depende de él y late en
su esfera. En este caso, todo el corazón se transforma en un corazón de fuego,
un centro de luz y fuente de vida que posee el poder de someter los espíritus
animales de nuestras personalidades.
Recuerda que en
chino el ideograma Xin significa tanto corazón físico como Mente Profunda, y es
compuesto por signos que significan: lleva el sol en tu corazón.
Ahora que sabéis
cuál es la meta del arte marcial superior así como la enseñamos en esta
escuela, tenéis que hallar una confirmación en algo concreto que os ayude a
estabilizar la “visión”. A este punto es importante comprender cuál es medio
para llegar a ello.
Los caminos son
dos. Una pone la atención en la inteligencia comparativa, otra en la
inteligencia intuitiva. Los Maestros consideraron a la enseñanza tan importante
como para fijarla en una fórmula: hu
en la boca, Xin en el corazón. El
primero es material, es el discernimiento de los sabores. El segundo,
poniéndonos en contacto con los principios animadores, es impersonal,
inmaterial.
Xin es el
discernimiento del Yo y del Sí mismo, principio de sabiduría, esto es, del
conocimiento de todas las cosas. Es la comprensión que produce la conciencia
vital.
La inteligencia
comparativa, siendo condicionada por la potencia y la eficiencia de las
facultades cerebrales, trae consigo sólo conclusiones relativas.
En este juego
entre conciencia cerebral y conciencia profunda interviene la personalidad, la
cual, recibiendo el Conocimiento, Xin, puede “dejarse llevar” dócilmente o
reaccionar oponiendo resistencia. En ambos caso, he aquí el principio de la
emoción.
La emoción no
ahogada o desviada por una interpretación racional, presenta un gran interés
porque manifiesta en el plano orgánico la conciencia de las cosas reveladas.
Ella actúa sobre
el corazón a través del plexo solar despertando la luz del “corazón solar”,
desde donde el nombre Xin, y lleva la luz al corazón, inteligencia del corazón.
El dominio de las
varias funciones y el sometimiento total del pensamiento a la inteligencia del
corazón elimina el principio del Yo, lo que significa, principio de Sabiduría.
Hay, así pues,
una vía que conduce al Conocimiento… se puede elegir.
Una vez seguro
del rumbo a tomar, aprende un método fácil para no perderlo. Admite sin crítica
arrogante la realidad de la tradición transmitida directamente de la boca al
oído, guardián del secreto.
La Enseñanza
secreta comienza con la complejidad del “devenir” y termina en la simplicidad
del “origen”, puesto que solamente en él se celan los secretos.
Contrariamente,
el hombre corriente se regocija en las doctrinas complejas y en los detalles de
la apariencia; la sutil relación que une el conjunto de los detalles interesa
solamente a los raros predestinados que no se retrae ante la aridez de la
simplicidad. En efecto, la Enseñanza concisa exige el “esfuerzo personal” así
como el desarrollo de las facultades intuitivas del practicante. No obstante,
de este modo se obra una selección natural.
La inteligencia
del corazón es la visión de lo real,
o comunión con lo real (nda: éste es
el auténtico significado cristiano de la eucaristía, o sea, mediante un proceso
de conversión del punto de vista, metanoia), esto es: con lo que existe es realidad, o naturaleza y cualidad esencial de la
cosa considerada. Dicha “visión” (o conocimiento) integral excluye toda
posibilidad de interpretación personal, intelectual o emotiva. De otra manera,
no correspondería ya a lo que se define como inteligencia del corazón, puesto
que la interpretación es falaz por fundarse en juicios subjetivos.
En los animales,
especialmente en los salvajes, dicha inteligencia se resume en lo que llamamos instinto, que nunca se equivoca porque
no tiene el riesgo de verse desviado por el razonamiento mental. En el ser
humano, por el contrario, esa inteligencia se torna intuición cuando la conciencia cerebral o mente superficial, la
traduce sin errores.
¡Abrid el
corazón, no los oídos! Escrita o no, la Verdad existe desde siempre, mientras
que nuestra alma se encarna solamente durante un tiempo, precisamente para
tomar conciencia de la Realidad. Lo importante es el desarrollo y el
refinamiento de la conciencia, esto es: la relación entre la persona y la
“potencia causal”.